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Terapia de luz roja: el nuevo ritual de belleza que conquista piel y cabello

La terapia de luz roja se ha convertido en una de las tendencias de belleza y bienestar que más atención está generando. Máscaras faciales, cascos, peines y paneles luminosos aparecen cada vez con mayor frecuencia en redes sociales, consultorios dermatológicos y rutinas de cuidado personal en casa.

Conocida también como fotobiomodulación, esta técnica utiliza luz roja o cercana al infrarrojo de baja intensidad para estimular determinados procesos biológicos relacionados con la actividad celular, la inflamación, la cicatrización y la producción de colágeno.

En el ámbito de la belleza, su popularidad está relacionada principalmente con dos objetivos: mejorar el aspecto de la piel y favorecer el crecimiento del cabello.

Una aliada para el cuidado de la piel

Algunas investigaciones han encontrado resultados favorables en aspectos como las líneas finas, el enrojecimiento, la textura y ciertas manchas. La American Academy of Dermatology Association señala que algunos especialistas incorporan la luz roja como complemento de otros tratamientos dermatológicos.

Los resultados, sin embargo, no son iguales para todas las personas ni para todos los dispositivos. Estudios recientes han mostrado mejoras en determinadas arrugas, aunque no todas las evaluaciones clínicas encuentran diferencias significativas.

Por ello, los especialistas recomiendan verla como un complemento dentro de una rutina de cuidado, y no como una solución milagrosa capaz de transformar la piel de manera inmediata.

¿Y qué ocurre con el cabello?

El crecimiento capilar es uno de los campos donde existen pruebas más consistentes. Los estudios se han concentrado especialmente en la alopecia androgenética, una forma hereditaria de pérdida del cabello que afecta tanto a hombres como a mujeres.

La terapia de luz de baja potencia ha mostrado en algunas investigaciones mejoras en el grosor y crecimiento del cabello. Incluso existen dispositivos de uso doméstico autorizados por la FDA para este propósito.

Eso sí, los especialistas aclaran que no permite recuperar una cabellera completa y que los resultados dependen de la causa y el estado de los folículos. Además, la constancia es fundamental: al suspender el tratamiento, los beneficios pueden disminuir con el tiempo.

La clave está en la constancia y el dispositivo

No todas las luces rojas son iguales. La potencia, la longitud de onda, la frecuencia de uso y el tipo de dispositivo pueden influir en los resultados.

Los equipos utilizados en clínicas, por ejemplo, pueden tener características diferentes a los aparatos diseñados para uso doméstico. Por esta razón, no es recomendable asumir que una máscara o un panel adquirido por internet tendrá los mismos efectos que un tratamiento profesional.

Una tendencia que requiere asesoría

Aunque la terapia de luz roja generalmente se considera un procedimiento no invasivo, no es adecuada para todas las personas. Quienes tienen trastornos de fotosensibilidad o utilizan determinados medicamentos que aumentan la sensibilidad a la luz deberían consultar previamente con un especialista.

También se recomienda prestar especial atención al riesgo de hiperpigmentación en personas con tonos de piel más oscuros y utilizar protección ocular cuando las indicaciones del dispositivo así lo establezcan.

La recomendación de los especialistas es clara: antes de convertir la luz roja en un nuevo ritual de belleza, lo ideal es consultar con un dermatólogo y elegir equipos autorizados, siguiendo siempre las instrucciones de uso.

Por ahora, la ciencia respalda beneficios parciales y específicos, especialmente en determinados problemas de piel y en la alopecia androgenética. La tendencia continúa creciendo, pero la clave está en mantener expectativas realistas: la luz roja puede ser una aliada del cuidado personal, aunque está lejos de ser un tratamiento milagroso.

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