John McNab: El Hombre que hizo del mar el inicio de un gran legado
La historia de John McNab está profundamente ligada al mar y al crecimiento de las Islas de la Bahía. Desde sus primeros años como joven marinero hasta convertirse en uno de los empresarios que han contribuido a fortalecer la conectividad y el desarrollo de Roatán, su recorrido ha estado marcado por decisiones valientes, trabajo constante y una visión que siempre ha tenido presente a su comunidad.
Sin embargo, al hablar de su trayectoria, hay algo que John considera más importante que cualquier logro empresarial: los valores que recibió de sus padres, la familia que ha construido junto a su esposa Susan Thompson y la satisfacción de ver cómo sus hijos continúan el camino que comenzó hace décadas. Su historia es también la de un hombre que ha procurado convertir las oportunidades en proyectos y mantener intacto su compromiso con la tierra que lo vio crecer.

Una infancia marcada por los valores
Al recordar sus primeros años en Roatán, John evoca una isla más tranquila, donde la familia y el respeto por los demás ocupaban un lugar fundamental. Sus padres, Carl Olson McNab y Nellie McNab, inculcaron en él y sus cuatro hermanos una enseñanza que continúa guiando su vida: todas las personas merecen el mismo respeto y dignidad, sin importar su posición social, profesión o condición.
El trabajo honesto también fue una de las principales lecciones de su infancia. En casa había una frase que marcó su manera de enfrentar la vida: «No dejar para mañana lo que se puede hacer hoy».
Esa filosofía se refleja en su trayectoria y en la importancia que concede a las relaciones humanas. Para John, el éxito no se mide únicamente por los logros materiales, sino también por las personas que acompañan el camino.
«El dinero es necesario, pero el valor de un verdadero amigo es invaluable», expresa, convencido de que la lealtad, la confianza y las amistades sinceras tienen un valor que ninguna riqueza puede sustituir.
El mar, su primera escuela de vida

Su historia con el mar comenzó cuando apenas tenía 13 años, edad en la que empezó a acompañar a su padre en las embarcaciones. Aquellas primeras travesías despertaron una pasión que terminaría definiendo buena parte de su vida.
La navegación le enseñó disciplina, respeto, carácter y trabajo en equipo. También tuvo la oportunidad de aprender sobre la pesca y el cuidado de las embarcaciones gracias a su primo Dave McNab, quien le abrió las puertas para trabajar a bordo de un barco camaronero.
A los 19 años, en 1976, dio uno de los primeros pasos importantes de su trayectoria empresarial al adquirir el 25 % de las acciones de una embarcación y convertirse en socio de su padre.
Posteriormente, en 1988, adquirió su propio bote, Capt. Kyle, y se incorporó a las actividades de la flota pesquera. Fueron años de responsabilidades, aprendizaje y decisiones que lo llevaron a comprender el verdadero significado de emprender.
Su padre no le regaló el camino; le enseñó a ganárselo. Por eso, John recuerda aquella etapa como una experiencia que lo obligó a madurar, administrar con responsabilidad y aprender a liderar tripulaciones.
Una visión que conectó a las islas

Con los años, su visión empresarial comenzó a ir más allá de la actividad pesquera. Una necesidad que afectaba a los habitantes de las Islas de la Bahía despertó una nueva iniciativa: mejorar la conexión marítima entre Roatán, Utila, Guanaja y La Ceiba.
Así nació uno de los proyectos más significativos de su trayectoria: el servicio de transporte marítimo que posteriormente se consolidaría como Galaxy Wave, bajo Safeway Maritime Transportation Co.
La idea original fue de su entrañable amigo Jerry Hynds. Junto a Danny McNab, su primo, decidieron unir esfuerzos con un propósito común: ofrecer mejores alternativas de transporte para los isleños.
Los primeros pasos se dieron con el servicio fue a traves de la embarcación Tropical, en respuesta a las dificultades que enfrentaban las comunidades para movilizarse entre las islas y tierra firme.

Para John, el proyecto nunca se trató únicamente de establecer una empresa de transporte. Su propósito era contribuir a resolver una necesidad de la población y crear nuevas oportunidades para la región.
«Galaxy Wave nació de la comunidad y para la comunidad», afirma.
Con esa visión, la empresa fue consolidando su presencia como parte de la conectividad marítima de las Islas de la Bahía, al tiempo que generaba oportunidades de empleo y dinamizaba la actividad económica.
Pero uno de los aspectos que más destaca John es el compromiso social que acompaña esta trayectoria. El apoyo a la educación, la salud y el deporte, así como las facilidades de transporte para estudiantes y personas que necesitan atención médica, forman parte de una filosofía que busca devolver a la comunidad parte de lo que esta ha contribuido a construir.
Su esposa y la familia, su mayor fortaleza

Detrás del empresario y el capitán hay una historia familiar que ocupa un lugar esencial en su vida. John y su esposa Susan tienen 53 años de conocerse y celebran 51 años de matrimonio, una relación que él describe como uno de los pilares de su historia.
Con admiración y gratitud, reconoce en Susan a su compañera incondicional, especialmente durante los años en los que las responsabilidades del mar y los negocios lo mantenían lejos de casa.
«Susan ha sido mi roca, mi pilar fundamental», expresa.

A lo largo de más de cinco décadas han construido una familia junto a sus cinco hijos: Jennifer, Katrina, Ron, Kyle y Courtney, quienes representan uno de sus mayores orgullos.
Como padre, John procuró transmitirles que el verdadero legado no está en las empresas ni en los bienes materiales, sino en los principios que permanecen de generación en generación.
El trabajo honesto, la humildad y la unidad familiar han sido las enseñanzas que buscó demostrarles con su propio ejemplo. Ahora, con la llegada de sus nietos, ese propósito continúa: mantener vivas las raíces familiares y los valores que han acompañado su historia.
Una nueva generación al frente del legado

Uno de los capítulos que observa con mayor satisfacción es el relevo generacional. Actualmente, sus hijos han asumido un papel protagónico en el desarrollo de los negocios familiares, consolidando una plataforma de servicios turísticos, transporte y actividades esenciales bajo el nombre de McNab Ventures.
El grupo reúne iniciativas y empresas vinculadas a la industria turística y al desarrollo de las islas, entre ellas los hoteles Mayan Princess, Turquoise Bay y Acqua di Mare, la conectividad aérea de CM Airlines, el transporte marítimo de Galaxy Wave y los servicios de PetroGas.
Ver a sus hijos continuar ese camino representa para John una profunda satisfacción. Más allá de la expansión empresarial, su orgullo está en saber que han asumido responsabilidades manteniendo los principios que dieron origen a esta historia: respeto por las personas, integridad, trabajo constante y compromiso con Roatán.
Para él, el crecimiento de una empresa también debe traducirse en oportunidades y bienestar para la comunidad que la rodea.
Un legado que mira hacia el futuro
Cuando habla de las Islas de la Bahía, John lo hace con el cariño de quien conoce sus raíces y ha dedicado buena parte de su vida a contribuir con su desarrollo.
Su visión del futuro está llena de esperanza. Considera que las islas tienen un enorme potencial para continuar creciendo y alcanzar mayores niveles de prosperidad, siempre que exista voluntad de trabajar unidos entre las familias, el sector empresarial y la comunidad.
«Amo a las islas con todo mi corazón, podemos seguir creciendo mucho y ser mucho más prósperos», manifiesta.
Al pensar en los jóvenes isleños que hoy comienzan a construir sus propios sueños, su mensaje es sencillo, pero recoge buena parte de las lecciones que han guiado su trayectoria: pensar en grande, tener fe en Dios, trabajar con honestidad, respetar a los demás y nunca olvidar de dónde vienen.
La historia de John McNab es la de un hombre que encontró en el mar su primera escuela, en el emprendimiento una oportunidad para transformar necesidades en proyectos y en su familia la razón para seguir adelante.
Su legado no se limita a las empresas que ayudó a construir ni a las rutas que contribuyó a conectar. También vive en las oportunidades generadas, en las personas que han formado parte de su camino y en los valores que hoy continúan transmitiéndose a las nuevas generaciones.
Porque, al final, los grandes legados no se cuentan solamente por lo que se construye, sino por lo que permanece en la vida de los demás.