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Liderazgo femenino empresarial 2026 por Karely Marquina

Durante mucho tiempo pensé que el liderazgo se parecía a ocupar un puesto alto, tomar decisiones grandes y tener autoridad visible. Hoy sé que mi primer ejemplo de liderazgo fue mucho más cotidiano: mi madre, Mirian Acosta.

Ella resolvía problemas, organizaba recursos, sostenía responsabilidades y sacaba adelante situaciones difíciles. Tenía capacidad, criterio y una enorme resiliencia. Sin embargo, como muchas mujeres de su generación, no siempre se sintió con el derecho de decidir, de pedir más o de ocupar espacios visibles.

No porque no pudiera, sino porque no se le enseñó a creerse suficiente.

Y esto no le pasó solo a ella. A muchas madres y abuelas se les enseñó a ser funcionales, no protagonistas. A trabajar duro, pero en silencio. A sostener, pero no a liderar.

Liderazgo femenino actual

Hoy, las cosas son distintas. Las mujeres jóvenes tenemos más acceso a educación, información y oportunidades profesionales que generaciones anteriores. Pero ese acceso no sirve de mucho si no desarrollamos algo clave: confianza en nosotras mismas.

Creer en una misma no es arrogancia. Es una habilidad que se aprende, se entrena y se fortalece con decisiones pequeñas: hablar, proponer, equivocarse, volver a intentar.

Aquí está la diferencia generacional. Nuestras madres nos enseñaron la perseverancia. A nosotras nos toca sumar dirección, enfoque e inteligencia emocional.

Honrar a las mujeres que vinieron antes no significa repetir su sacrificio, sino aprovechar las oportunidades que ellas no tuvieron. Apostar por nuestro crecimiento profesional no es egoísmo: es responsabilidad.

Porque hoy sí podemos elegir, decidir y liderar.

Liderar hoy: qué necesita una mujer en la era moderna

El liderazgo femenino actual no se trata de “demostrar” nada. Se trata de posicionarse con claridad. En un entorno laboral cambiante, una mujer que aspira a liderar necesita desarrollar habilidades internas y externas al mismo tiempo.

1. Construir autoridad desde la coherencia, no desde la aprobación

Una mujer líder no necesita caer bien todo el tiempo. Necesita ser clara, consistente y confiable. La autoridad se construye cuando sabes de qué hablas, sostienes tus decisiones y no te disculpas por tener criterio propio.

2. Aprender a comunicar con firmeza

Muchas mujeres tienen ideas valiosas, pero dudan al expresarlas. Liderar implica decir lo que piensas con respeto, sin minimizarte ni justificarte de más. Hablar claro es una habilidad que se practica.

3. Tomar decisiones, aunque no haya certeza total

Esperar el momento perfecto suele ser una forma elegante de postergar. El liderazgo moderno requiere acción, aprendizaje y ajuste. Decidir también es una forma de crecer.

4. Desarrollar inteligencia emocional

Saber manejar la presión, la crítica y el conflicto es clave. Una mujer empoderada no reacciona desde la culpa ni desde el miedo, sino desde la conciencia. Esto marca una diferencia enorme en cualquier entorno profesional.

5. Dejar de compararse y empezar a dirigirse

Cuando una mujer deja de medirse con otras y empieza a gobernarse a sí misma, cambia todo. El liderazgo comienza con autocontrol: elegir dónde poner la energía, cómo responder a los retos y qué decisiones sostener. Esa capacidad de dirigirse es poder real.

El liderazgo femenino no empieza cuando alguien nos reconoce como líderes, sino cuando nos reconocemos a nosotras mismas. Cuando dejamos de pedir aprobación y empezamos a dirigir nuestra propia historia profesional.

Eso, más que un logro, es una decisión.

Karely Marquina, Licenciada en Psicología.

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