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Fallece la princesa Irene de Grecia a los 83 años, hermana de la reina Sofía

La familia real española despide a una de sus figuras más discretas y entrañables. La princesa Irene de Grecia falleció este miércoles en Madrid a los 83 años, dejando tras de sí una vida marcada por la lealtad familiar, la espiritualidad y una presencia constante —aunque siempre en segundo plano— junto a su hermana, la reina Sofía.

La muerte se produjo a las 11:40 de la mañana en el Palacio de la Zarzuela, residencia que compartía con la reina desde hace décadas. En los últimos meses, Irene había experimentado un progresivo deterioro de salud, motivo por el cual la reina Sofía decidió aplazar sus compromisos institucionales para permanecer a su lado hasta el final. No solo se despide una hermana, sino una confidente, un apoyo incondicional y un refugio emocional.

La “tía Pecu”, una figura entrañable

Conocida cariñosamente por sus sobrinos como “la tía Pecu”, Irene siempre fue sinónimo de cercanía y afecto dentro del núcleo familiar. Nació el 11 de mayo de 1942 en Ciudad del Cabo, hija del rey Pablo I de Grecia y de la reina Federica. Su infancia transcurrió entre Sudáfrica y Grecia, marcada por los constantes cambios políticos y el exilio.

Se formó en el prestigioso internado alemán de Salem, donde compartió educación con sus hermanos y con Felipe de Edimburgo. Más tarde, ya en Atenas, asumió su rol como princesa y, tras la proclamación de su hermano Constantino en 1964, pasó a ser heredera al trono griego, aunque la monarquía sería abolida pocos años después.

Una vida sin matrimonio, pero llena de vínculos

Irene nunca contrajo matrimonio. Su vocación fue otra: la familia, el pensamiento y la búsqueda espiritual. Fue una compañera inseparable de su madre, la reina Federica, y más tarde de la reina Sofía. Juntas emprendieron en 1969 un singular viaje vital a Madrás, India, donde se dedicaron al estudio de la filosofía y al diálogo entre el hinduismo y la religión ortodoxa, una etapa que marcó profundamente su visión del mundo.

Desde 1981, tras la muerte de su madre, Irene se estableció definitivamente en el Palacio de la Zarzuela. Allí llevó una vida discreta, alejada del protagonismo mediático, aunque siempre presente en los momentos clave de la familia real. Hasta principios de 2025 acompañó a la reina Sofía en actos públicos, siendo su última aparición la boda de su sobrino Nicolás de Grecia, en febrero del año pasado.

Compromiso social y legado personal

La princesa también dedicó parte de su vida a iniciativas solidarias y culturales. Estuvo al frente de la Fundación Mundo en Armonía, clausurada en 2024, y promovió proyectos tan singulares como el envío de vacas a comunidades rurales de la India en los años 80, reflejo de su sensibilidad social y su vínculo con el país asiático.

En los próximos días, la Casa Real dará a conocer los detalles del velatorio en España y del posterior traslado del féretro a Grecia, donde Irene de Grecia recibirá sepultura en el cementerio de Tatoi, junto a otros miembros de la familia real helena.

Un vacío irreparable

La partida de Irene deja un profundo vacío, especialmente en la vida de la reina Sofía, que pierde a su única hermana y a la persona que la acompañó desde la infancia hasta la madurez, compartiendo exilios, responsabilidades y una vida discreta en Madrid. Irene de Grecia se marcha como vivió: sin estridencias, pero dejando una huella imborrable en quienes la conocieron y amaron.

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