Devin McNab: una pasión por el mar convertida en legado
Hay pasiones que comienzan como un pasatiempo y, casi sin darse cuenta, terminan convirtiéndose en parte de la historia de un lugar. Para Devin McNab, esa pasión siempre ha estado ligada al mar, la pesca y a Roatán.
Hace más de dos décadas, un grupo de jóvenes amantes de la pesca vio en las aguas de la isla algo más que el escenario perfecto para practicar el deporte que disfrutaban. Vieron una oportunidad: organizarse, promover una pesca más responsable y construir un evento capaz de atraer a pescadores de dentro y fuera de Honduras.
La idea era sencilla, pero ambiciosa.
“Crear un torneo que los pescadores quisieran ganar, pero al que también quisieran regresar”, recuerda Devin.
Hoy, 27 ediciones después, aquella visión se ha convertido en el Torneo Internacional de Pesca de Roatán, una de las tradiciones más esperadas de la isla y un evento que ha crecido mucho más allá de la competencia.
Para Devin, observar en lo que se ha convertido tiene un significado especial.
“Lo más gratificante es saber que el torneo ya no nos pertenece solamente a quienes lo iniciamos. Hoy pertenece a la comunidad, a las familias, a los capitanes, a los pescadores y a todos los que, año tras año, han ayudado a construir su historia”.

Lea también – Torneo de pesca: 4 generaciones de historia
Una tradición que creció con Roatán
Lo que comenzó como una competencia de pesca es hoy una experiencia que reúne deporte, turismo, conservación, entretenimiento y comunidad.
Con los años han crecido las embarcaciones, las categorías, la participación internacional y las actividades que rodean al torneo. Para su XXVII edición, la expectativa supera las 90 embarcaciones, una cifra que para Devin representa mucho más que crecimiento.
“Representa que el trabajo está dando frutos”, afirma. También representa responsabilidad.
Cada participante que llega a Roatán genera movimiento más allá del torneo. Hoteles, restaurantes, transportistas, operadores turísticos, comercios y proveedores forman parte de una cadena que se activa durante esos días.
Y muchos pescadores ya no llegan solos. Regresan acompañados de sus familias, convirtiendo la competencia en una oportunidad para descubrir la isla.
Porque, como explica Devin, Roatán tiene algo que va mucho más allá de la calidad de sus aguas.
“Tenemos algo que no se puede fabricar: la calidez de nuestras personas y nuestro entorno natural”.
Aguas profundas y biodiversidad hacen de las Islas de la Bahía un escenario privilegiado para la pesca deportiva, pero la experiencia se completa con arrecifes, playas, naturaleza, gastronomía, cultura y una comunidad acostumbrada a recibir visitantes.
“La pesca puede ser un motivo por el que una persona llega a Roatán, pero la hospitalidad y la experiencia de la isla son lo que hace que quieran regresar”.


Pescar pensando también en el futuro
Hablar con Devin sobre el torneo inevitablemente lleva a otro tema que ha marcado su evolución: la conservación.
La decisión de impulsar prácticas responsables no siempre fue popular. Hubo críticas e incluso pescadores que dejaron de participar cuando comenzaron a implementarse cambios. Sin embargo, AHPESCAR decidió mantener el rumbo.
“Entendimos que el futuro de la pesca deportiva depende directamente de la salud de nuestros océanos”.
Una de esas apuestas fue el sistema de captura y liberación, particularmente para los billfish, que permite mantener el componente competitivo sin necesidad de sacrificar las especies.
La filosofía detrás de esta práctica se resume en una frase que Devin expresa con claridad: “El mar no es un recurso infinito”.
Para él, ganar un trofeo nunca debería ser el único indicador de éxito.
“Cada pescador tiene una responsabilidad. Queremos que quienes participen entiendan que el verdadero éxito no está solamente en ganar un trofeo, sino en poder regresar el próximo año y encontrar un océano saludable y lleno de vida”.
Y cuando habla del futuro, inevitablemente piensa también en las generaciones que vienen detrás.
“Tenemos que dejarles a nuestros hijos y nietos las mismas oportunidades de disfrutar del mar que nosotros hemos tenido”.

El torneo también se vive en familia
Quizá por eso las categorías Women Anglers y Junior Anglers tienen un significado que trasciende la competencia.
Devin ha visto crecer la participación femenina y considera indispensable continuar abriendo espacios para mujeres, niños y jóvenes.
“Si queremos que la pesca deportiva tenga futuro, tenemos que abrir las puertas a nuevas generaciones y asegurarnos de que todos tengan la oportunidad de participar”.
Para los jóvenes, lo resume de una manera todavía más sencilla: “Significa invertir en el futuro”.
Podría interesarle – Fifteen: Orgullo isleño que conquista el Torneo Internacional de Pesca 2025
Pero esa conexión entre pesca y generaciones no es únicamente parte de su visión como organizador. También forma parte de su propia historia.
Cuando se le pregunta por los recuerdos más especiales que le han dejado tantos años de torneo, Devyn no menciona una gran captura, un récord ni una edición en particular. Habla de su familia.
A lo largo de los años ha tenido la oportunidad de pescar con sus abuelos, su padre, sus hermanos, sus hijas, sus sobrinos y muchos amigos. “Es un tiempo para compartir como ningún otro”, asegura.
Y quizá allí se entiende mejor por qué considera que el torneo se ha convertido en parte de la identidad de Roatán. Hoy existen equipos integrados por tres y hasta cuatro generaciones de una misma familia.
La pesca es la competencia. Pero alrededor de ella se han construido recuerdos, encuentros y tradiciones que pasan de una generación a otra.

Mucho más que un torneo
Para la edición 2026, AHPESCAR quiere llevar esa experiencia todavía más lejos bajo el concepto “The Ultimate Tournament Weekend”.
La competencia seguirá siendo el corazón del evento, pero alrededor de ella habrá actividades, entretenimiento, gastronomía y espacios pensados también para quienes nunca subirán a una embarcación.
“El torneo debe ser de los pescadores, pero la celebración debe ser de todos”.
West End volverá a convertirse en uno de los grandes puntos de encuentro durante los días del evento, reforzando ese vínculo que durante años se ha construido entre el torneo y la comunidad que lo recibe.
Devin sabe que detrás de cada edición existen patrocinadores, voluntarios, capitanes, equipos, familias, comercios y muchas personas trabajando lejos de los reflectores. Por eso, cuando habla de los logros alcanzados, evita apropiarse de ellos.
Después de 27 ediciones, considera que el mayor no está en una cifra ni en un trofeo.
“Es haber dejado los cimientos de una tradición que tiene reconocimiento nacional e internacional y que le pertenece a la comunidad”.

Una pasión llamada Roatán
Todavía hay retos por delante.
Devin quiere que más personas descubran la pesca deportiva, que el destino continúe creciendo y que ese crecimiento ocurra sin comprometer los recursos que hicieron posible esta historia.
La visión de AHPESCAR para los próximos años la resume en pocas palabras: seguir creciendo sin perder la esencia.
Y cuando le pedimos definir en una sola frase qué representa el torneo para Roatán, su respuesta quizá sea también la mejor manera de entender por qué aquella idea de un grupo de jóvenes logró sobrevivir, crecer y convertirse en tradición:
“El torneo es una celebración de nuestra cultura y de nuestra pasión; es una plataforma que nos permite ser influyentes y lograr cambios positivos en nuestra sociedad”.
Detrás de las embarcaciones, los días de competencia y la emoción de cada captura hay una historia construida durante más de dos décadas. Una que comenzó entre amigos, creció junto a la comunidad y que hoy reúne a generaciones enteras alrededor del mar.
Para Devin McNab, ese quizá sea el verdadero legado: haber visto una pasión compartida crecer hasta convertirse, 27 ediciones después, en una tradición que une generaciones y que hoy forma parte de la historia de Roatán.

