Luis Amador: Cuando la fe se convierte en misión
A sus 36 años, el pastor hondureño Luis Amador ha construido una trayectoria que combina fe, sensibilidad social, arte y un profundo compromiso con la juventud. Con más de dos décadas en el camino evangélico, su historia no es la de un liderazgo impuesto, sino la de un llamado que se fue revelando con el tiempo, entre búsquedas personales, caídas, aprendizajes y una vocación clara: servir como instrumento de transformación, especialmente para adolescentes y jóvenes.
Un llamado que se confirmó con el tiempo

Luis recuerda febrero de 2005 como un punto de partida. Fue entonces cuando, invitado por su hermano, asistió por primera vez a una reunión juvenil. Aquel encuentro marcó el inicio de una relación profunda con la fe, aunque el proceso no fue inmediato ni lineal. “Dios ya tenía un plan trazado para mí y para mi familia”, reflexiona hoy, con la perspectiva que da el tiempo.
Como muchos líderes espirituales, su camino estuvo marcado por dudas, decisiones erradas y etapas de estancamiento. El año 2013 fue especialmente decisivo: un periodo de ruptura personal y familiar que lo llevó a replantearse su vida. Dos años después, en la madrugada del 21 de marzo de 2015, experimentó lo que describe como una revelación clara: Dios le habló de libertad. Desde entonces, esa palabra —libertador— se convirtió en eje de su misión.
La juventud como propósito
Si hay algo que define el ministerio de Luis Amador es su cercanía con los jóvenes. No desde la imposición, sino desde la escucha, la inclusión y el respeto. Su enfoque es claro: evangelismo relacional. “Antes de hablar, hay que escuchar; antes de exhortar, hay que comprender”, afirma.

Ha predicado en más de 1,500 iglesias y congresos en distintos países, frente a auditorios pequeños y multitudinarios por igual. Para él, el número nunca ha sido el objetivo. “Soy capaz de rechazar un congreso para evangelizar uno a uno”, asegura, convencido de que el verdadero impacto se da en lo personal.
Escritura: fe puesta en palabras

Otra de sus grandes pasiones es la escritura. Lector disciplinado —más de diez libros al año durante muchos años—, Luis entendió que antes de escribir había que formarse. Influenciado por autores como C.S. Lewis, John Maxwell, John MacArthur, Miguel Núñez y Paulo Coelho, encontró su propia voz escribiendo desde la experiencia.

Su primer libro, Noviazgo intencional, aborda decisiones emocionales, relaciones y responsabilidad afectiva desde una perspectiva cristiana y práctica. Con más de 1,500 ejemplares vendidos y presencia en varios países de Centroamérica y Latinoamérica, la obra ha impactado a miles de jóvenes a través de lecturas y conferencias.
El segundo libro, Distribuidores de evangelismo, está enfocado en estrategias actuales para conectar con la nueva generación sin invadir su identidad ni su historia. Ha tenido gran acogida en iglesias y centros educativos, donde se utiliza como guía para líderes y pastores.
Música como lenguaje espiritual

La música es otro pilar fundamental en su vida. Con formación académica en armonía y piano clásico, Luis ha compuesto más de 20 canciones y ha trabajado con reconocidos ministerios cristianos, incluyendo colaboraciones con Miel San Marcos. Ha participado en conciertos, logística ministerial y recitales, destacando siempre el piano como su instrumento principal.
Para él, la música y la escritura son talentos que combinan don y disciplina. “El talento existe, pero sin preparación no florece”, sostiene, convencido de que muchas personas nunca descubren su vocación por no atreverse a probar.
Cindy: compañera de vida y misión

En su historia personal, su esposa Cindy ocupa un lugar central. Se conocieron en 2009, protagonizando una anécdota que hoy recuerdan con humor y madurez. Tras idas y vueltas, decidieron casarse en 2016, y hoy celebran nueve años de matrimonio basados en acompañamiento mutuo, mentoría y trabajo con parejas jóvenes.

A pesar de venir de contextos religiosos distintos, han construido una relación sólida, marcada por la cohesión espiritual, emocional y social. Juntos sueñan con formar una familia y seguir sirviendo a otros.
Mirada al futuro

Entre sus nuevos retos están seguir escribiendo, componiendo, liderando misiones juveniles y desarrollar proyectos de impacto social y desarrollo local. Su amor por Honduras, especialmente por Tegucigalpa, lo impulsa a pensar en iniciativas que contribuyan al crecimiento del país desde una visión ética y comunitaria.
Actualmente, forma parte del trabajo misionero vinculado a la Iglesia Bautista América, bajo la cobertura pastoral de Ever Monroy, aunque su vida ministerial lo lleva constantemente a viajar dentro y fuera del país.
Un mensaje claro

El mensaje de Luis Amador es sencillo, pero profundo: la fe se vive con coherencia, cercanía y servicio. No distingue edades, credos ni contextos; distingue personas. “Somos llamados a ser luz en la oscuridad y sal en la tierra”, afirma.
En una sociedad marcada por la prisa y la desconexión, su testimonio propone una espiritualidad práctica, humana y comprometida. Una historia que, más allá del púlpito, se escribe todos los días en la vida de quienes encuentran en su mensaje una guía, una pausa y una nueva oportunidad.
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